Navidad, el camino de la esperanza

Raquel S. – Alma de Papel 

Apoyó la espalda contra la pared y cerró los ojos, intentó frotar las manos pero tenía demasiado frío como para sentirlas y el cansancio hacía que le doliera cada parte de su cuerpo, cada vez oía más lejos a la gente y sus voces se convertían en un murmullo…
El olor a pollo inundaba toda la casa, su hermano pequeño Mohamed, corría nervioso por el comedor asomándose continuamente a la ventana por si llegaban el resto de invitados, toquiteando los adornos del árbol y persiguiendo al pobre perro cada vez que este decidía quedarse quieto, mientras, ella sacaba las fuentes de la cocina, dejó la última con nueces en la mesa con el resto de los
1.navidad-2frutos secos y miró como su padre alzaba a Fátima para que colocara la estrella del árbol, ella reía al sentirse volar, la colocó con cuidado en lo más alto, luego se volvió para buscar su aprobación y él la estrechó en sus brazos.
Volvió a la cocina y vio cómo su madre pinchaba el pollo para ver si ya estaba, todos los años cenaban pollo en navidad, terminó de colocar las naranjas en el cesto, abrió las cajas de baklava y dispuso los pasteles sobre un plato, miró a su madre de reojo y decidió meterse uno en la boca, le encantaba esa masa triturada de nueces bañada en miel y rellena de pistacho o almendras, aún estaba sonriendo cuando escuchó a su madre decirle que dejara alguno para después de cenar…
Oyó la voz de su tío gritando “Milad Majid” para felicitar la navidad a todos y el llanto del pequeño Ahmad, su primo apenas tenía unos meses y era el juguete de toda la familia, no tardó en aparecer su mujer en la cocina para ayudar a sacar las ensaladas, la berenjena ahumada y el resto de “mezze”, poco a poco la casa se fue llenando y dió comienzo la cena, el tiempo se detenía entre risas y bromas, cuando terminaron salieron al jardín, la calle estaba completamente iluminada por las luces y las decoraciones, los vecinos ya empezaban a reunirse al lado de sus respectivas hogueras, nadie estaba solo todo el mundo era bienvenido para rezar y dar gracias a Dios esa noche tan especial.
Su padre entregó el libro a Mohamed, la tradición indicaba que debía ser el hijo más pequeño de la familia quien leyera la “historia de la Navidad”, y de momento ese era su hermano, se situaron alrededor de las maderas y repartió las velas para que cada uno tuviera la suya, a continuación las fueron encendiendo, miró a su alrededor, le encantaba ver las pequeñas luces tintineando por toda la calle, se hizo el silencio y fue la voz del niño quien lo rompió comenzando a leer e inundando su corazón, al acabar prendieron fuego a la hoguera para que sus llamas les guiaran e iluminaran su destino dándoles fortuna, cantaron los salmos hasta que finalmente la hoguera se convirtió en cenizas y todos saltaron tres veces por encima de ella para asegurarse l1.navidad-6a felicidad…
El día amaneció soleado, como si la fuerza de la Navidad pudiera llenar de luz todos los rincones, pasearon por la calle recta de Damasco hasta llegar a la Capilla de San Ananías, la antigua iglesia de piedra siempre la dejaba absorta, tantos años ahí, tanta historia entre sus muros era como volver a la antigüedad, conforme bajabas los veintitrés escalones para rezar en aquella cripta a cuatro metros por debajo del nivel de la calle, la paz te iba envolviendo, le gustaba la misa de Navidad y ver después arder la enorme hoguera del centro de la plaza, cómo la gente se saludaba y cantaban unidos mientras la figura del Niño era llevada a su lugar…
Notó como las lágrimas resbalaban por su mejilla, se giró y vio la mirada perdida de su madre estiró su mano para coger la de ella, intentando mitigar su pena, pero en el camino encontró los ojos negros de Fátima mirándola, su cara había perdido la sonrisa, y sentada en el regazo de su madre, con la cabeza apoyada en su pecho la miraba fijamente, ella probablemente no recordaría aquellas navidades, no se acordaría de como su padre la cogía en brazos y la hacía volar… o tal vez si, en ese momento recordó que eso jamás volvería a suceder, atrás quedaron los dos, su padre acompañado por el pequeño Ahmad, nunca más volvería a escuchar su voz leyendo la historia de Navidad, ni tendría que sortearlo para no tirar las bandejas de comida, su hermano no superó el largo viaje, sin comida, con frío ni siquiera ella era consciente de como lo habían conseguido, cuantas veces había deseado que una bala perdida hubiera acabado con ella igual que con su padre, pero allí estaban, las tres sentadas en una vieja estación en un país que desconocían, sin dinero, sin ropa…
El policía se acercó a ellas, no entendía muy bien su idioma, pero supo que estaba indicando que le siguieran, les ayudó a levantarse, cogió las dos mantas que les habían dado y alzó a su hermana, era tan ligera que no le costaba ningún esfuerzo, también ella había perdido mucho peso.
Con paso cansado siguieron al policía fuera de la estación, su madre arrastraba los pies con la mirada perdida y su hermana cogida de su cuello miraba a su alrededor con sus negros ojos, un señor se acercó a ellas vestía un abrigo azul marino de paño, debía tener unos cincuenta años, pues su pelo antaño negro aparecía poblado de canas, le acompañaba un joven de su edad que sonrió al verlas, intentó coger a su hermana pero Fátima se agarró fuertemente a su cuello, por lo que el chico se ofreció a llevarle las dos mantas, el policía señaló a una chica rubia vestida con pantalones vaqueros y el pelo recogido en una coleta, se le veía cansada pero su sonrisa las tranquilizo, les explicó en su idioma que debían acompañar al señor y a su hijo, se alojarían en su casa hasta que pudieran encontrarles un lugar para ellas, también que no las iban a separar, les tendió una tarjeta con un número de teléfono y un nombre y con una sonrisa les empujó cariñosamente hasta ellos.
Salieron de la estación, comenzaba a nevar y el frío de Madrid se les metía en los huesos, sus ropas abrigaban poco, notó el cuerpo de Fátima apretarse contra el suyo buscando algo de calor, afortunadamente el coche no estaba lejos, era un Peugeot de color Gris, les abrieron las puertas y las tres se sentaron detrás.
Al notar el calor de la calefacción y la confortabilidad del coche sus ojos intentaban cerrarse, pero luchó por mantenerlos abiertos, miró por la ventanilla, la ciudad estaba repleta de luces, la nieve empezaba a dejar su rastro blanco en las aceras y sobre los coches, la gente caminaba con prisa, en los semáforos escuchaba la música de los establecimientos, los villancicos de los niños… el coche paró en un pequeño adosado, era una preciosa casa de color granate con las ventanas blancas, dos árboles flanqueaban la entrada y daban paso a una barandilla decorada con luces de colores.
Nada1.navidad más parar el coche la puerta de la entrada se abrió y apareció una niña de la edad de Fátima, llevaba una muñeca en las manos, y miraba al coche con curiosidad, detrás una señora, que debía ser su madre las miraba sonriendo.

El señor y su hijo les ayudaron a bajar del coche, la pequeña bajó corriendo la escalera y se acercó a Fátima tendiéndole la muñeca, su hermana la miró sin atreverse a cogerla pero la niña se la puso en la mano, y le indico con un gesto que era para ella, Fátima miró a su hermana y por primera vez en muchos meses sonrió, la niña le tendió la mano y ella se la cogió y las dos, entraron en la casa.
Ayudó a su madre, los escalones le suponían un gran esfuerzo, pero al fin, detrás de esa puerta podrían dormir en una cama y tomar comida caliente.
Al atravesar el umbral descubrió un pequeño Belén decorando la entrada, a mano derecha, tras un enorme arco una chimenea calentaba la casa, a su lado un precioso árbol repleto de luces y adornos dorados y rojos, debajo, Fátima acompañada de su nueva amiga descubría ropa dentro de una de las cajas que había abierto, habían muchos paquetes más y una preciosa mesa les invitaba a cenar, pero había algo más, algo en el ambiente que le recordaba su hogar, que le hizo recuperar la magia y la esperanza de aquellas fiestas, en ese momento notó que … el olor a pollo inundaba toda la casa.

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Publicado por Raquel

Gracias libros, por acompañarme en mis horas de soledad, por enseñarme lugares fantásticos, por dejarme compartir la vida de vuestros habitantes, por hacerme sentir, soñar, amar, llorar, por permitirme evadirme de la realidad y bucear en vuestras paginas. Mi pequeño homenaje será esta página, que espero compartir con almas como la mía, almas tan identificadas con vosotros, que también se sientan ALMAS DE PAPEL

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